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lunes, 20 de julio de 2015

CASALDÁLIGA



Todo cuanto he soñado e intentado expresar a través de mis humildes escritos, y aquello que no he podido llevar a cabo sino muy pobremente en mis andares misioneros,  se encuentra condensado a 1000% en esta película que reproduce la vida de Dom Pedro Casaldáliga, la pasión de ese hombre y el gran milagro de que no haya sido asesinado todavía. Para aquellos/as que tienen aún sus dudas sobre el Evangelio de Jesús y cómo han de ser la Iglesia y la Evangelización, encontrarán aquí una respuesta que vale millones de encíclicas.  

martes, 19 de mayo de 2015

MARIO, EL RESTAURADOR

         
                 ¡55 años de aventura misionera!


 MARIO DE CELLES  es sacerdote de la Sociedad de Misiones Extranjeras del Quebec (SME). Del 1958 al 2013m ha sido misionero en Honduras. Pronto va a cumplir 86 años de juventud.


por : Eloy Roy


Mario llega a la parroquia de Goascorán en 1958 y queda noqueado de entrada.  Estupor, rabia, vergüenza, desesperación se agolpan en su corazón. Y ganas de reírse también, porque al chirriante desastre que encuentra allí no le faltan ribetes cómicos. No obstante, Mario hace de tripas corazón y comienza a reparar los platos rotos. La casa, la parroquia, las relaciones con la gente del pueblo y del campo, todo está hecho pedazos. Con mucho tino e infinita paciencia tiene que empezar a reconstruirlo todo, ladrillo por ladrillo. Así se inaugura su misión de « restaurador»: « restaurador » del Evangelio de Jesús, « restaurador » de la dignidad y de la credibilidad del sacerdote,  « restaurador » de la reputación de la Iglesia y « restaurador » de iglesias.

De a poco «restaura» las iglesias antiguas de los municipios. Ya que los chicos, a sus ojos, son como «los ladrillos del futuro», les junta en una “multinacional” de monaguillos, les reparte becas y funda un Colegio para que cursen la secundaria en su localidad.

Al cabo de diez años, estando bien encaminada la obra de restauración en Goascorán,  Mario se traslada a Tegucigalpa, la capital, donde sigue acompañando a aquellos de sus becados que ingresan a la  Universidad.  El grupo se enriquece cada año con nuevos chicos de los barrios de la ciudad en los que en adelante él se está insertando, especialmente como párroco de San Cayetano. Apoya a los jóvenes  con toda el alma y con su bolsillo. Son su prioridad. Sin ellos no hay porvenir ni para el país ni para la Iglesia. Invertir todo cuanto se puede en la juventud no es un lujo, sino una necesidad absoluta.  

Primero atiende la iglesia de La Merced, y la «restaura». Luego se hace cargo del templo de San Cayetano y le cambia el «look» convirtiendo el campo frente a la iglesia en un magnífico parque, y un terreno de al lado, en una súper cancha de fútbol para los chicos. Pero hace tiempo que la catedral de la ciudad necesita  ayuda; las paredes de la  antigua iglesia y la administración de la misma piden auxilio. El arzobispo confía la causa a Mario. Es así como nuestro misionero de campo y de barrios populares pasa a ser párroco de la  Catedral metropolitana por los diez últimos de sus cincuenta y tres años de servicio en tierra «catracha». 

No ha asumido el cargo de la catedral que ya se da a la tarea extremadamente delicada de la « restauración » de la vieja nave. Por supuesto, el trabajo es llevado por grandes especialistas, pero Mario no los deja ni a sol ni a sombra, dándoles aliento y, a veces, consejos… Al final, el éxito es total. Asimismo, a la par de las obras de la catedral, Mario « restaura » la antigua iglesia San  Francisco que estaba cerrada desde hacía lustres. Y, como si le sobrara energía, funda y construye en las faldas de Támara un centro de animación espiritual para jóvenes, chicos y chicas, el cual  funciona a full hasta el día de hoy. 

Mario no se conforma con «restaurar» iglesias destartaladas.  Ese hombre profundamente «espiritual» y muy enamorado de su sacerdocio, crea ambientes sencillos, pero hermosos, para proclamar el Evangelio de Jesús como el sol de la vida. Con mucho celo él anima sus comunidades para que superen el aspecto folclórico del cristianismo tradicional y lo enfoquen hacia un Jesús que vive y está con ellas comprometido en una lucha de cada instante para pasar de la esclavitud a la libertad, de la rivalidad a la solidaridad, de la muerte a la vida.

Con mucha prudencia Mario maneja buenas cantidades de plata que le vienen de bienhechores personales o de organismos de ayuda de la Iglesia  de Alemania o de Canadá, pero que provienen también, por una parte importante, del aporte generoso de los mismos hondureños. A éstos les gusta contribuir a las obras del Padre  Mario porque su administración es transparente ya que, a través de sus manos, se ve claramente adónde va a parar el dinero.

En la gran comunidad de los hijos de Dios, llamada «Iglesia»,  no se debe hacer comparaciones entre pueblos,  culturas y  personas. Ninguno es más grande, mejor o más santo que el otro. Unos sí han recibido más y otros menos,  y los que han recibido más deben compartir con los que han recibido menos. Es así como la plata de la SME no pertenece a la SME,  sino a los mismos pueblos a los que ella es enviada para anunciar el Evangelio. Son  gente solidaria los que, para esa finalidad, han contribuido con su dinero a la SME. Por su parte, la SME tiene el deber «sagrado» de administrar esas donaciones teniendo siempre en cuenta de dónde provienen y a quiénes están destinadas. 

El recuerdo más grato que Mario guarda de Honduras, es el respeto y el cariño que el buen pueblo del país siempre supo brindarle. Los hondureños que, desde un principio,  él conoció de cerca no tardaron en adoptarle como uno de los suyos y, naturalmente, también él a ellos. «Nos hicimos  familia», dice Mario, comprendiendo muy bien y perdonando de corazón los duros  inicios  en Goascorán…   

Piensa que son muchas las cosas buenas que la SME realizó en sus 60 años de presencia en Honduras, pero lo mejor, en su opinión,  fue la promoción de pequeñas comunidades cristianas por los Departamentos de Choluteca y Del Valle. Esas pequeñas comunidades se han multiplicado en forma extraordinaria y su influencia ha desbordado ampliamente el Sur de Honduras. Han resistido al desgaste del tiempo y  alcanzado una gran madurez. Es maravilloso verlas avanzar ahora desde lo propio sin tener más necesidad de tutores de afuera.

Pero suspira y confiesa que, a pesar de esos logros formidables, Honduras está lejos de haber acabado con sus demonios. Los CNV: Corrupción, Narco, Violencia, siguen haciendo estragos increíbles por todo el país.  Piensa que esa diablura se debe a que muchos hondureños  tienen enemigos y que les gusta demasiado aprovecharse de los demás  y vengarse unos de otros.  La venganza, en particular, sigue siendo una cuestión de honor y casi de religión para ellos. Es el flagelo nacional número uno. Según Mario, si los hondureños no aprenden a perdonarse unos a otros, nunca habrá  « restauración» social en el país. Un perdón general, a nivel nacional, no es algo imposible. Conoce  muchas pequeñas comunidades cristianas que ya dieron ese paso y que perseveran por ese camino: ¡es una maravilla! La esperanza de una nueva Honduras pasa por el aprendizaje de una cultura del perdón.

Por cierto, Honduras no es el único país en el mundo que se las tiene que ver con los «demonios» CNV. La mayoría de esos CNV han salido del vientre del sistema económico internacional que no tiene corazón y  se burla del mundo entero. Su poder de acaparamiento no tiene límites. Ese sistema es el que ha generado  la monstruosa concentración de 50% de las riquezas del planeta en manos de  apenas 1% de los humanos. Si hay un infierno, ahí está. De él salen fundamentalmente todos los CNV de todas las Honduras del planeta. Y, sin embargo, la mayoría de  los cristianos y dirigentes  de nuestras Iglesias creen que este sistema es querido y bendecido por Dios, que solo le faltan unos cuantos remiendos. Lo veneran nada menos que como la santa Providencia del cielo. Pues bien, es ese sistema maldito el que crea y engorda todos los demonios CNV del planeta.


En 1969, mientras Mario actúa de párroco en Goascorán, pueblo en la frontera de Honduras con El Salvador, estalla la guerra entre ambos países. De golpe Mario se encuentra acorralado por las balas. Mucha sangre corre a su alrededor. Pero hasta hoy, se siente realmente feliz de haber puesto su vida en juego junto a sus hermanos hondureños. A través de esa experiencia de espanto pero  también de confianza total en Jesús, se han forjado entre ellos y él unos lazos que ni las largas distancias ni el paso de los años podrán romper jamás.


miércoles, 15 de abril de 2015

TIRADO AL MAR

ENRIQUE COURSOL


92 años de juventud y de liberación - febrero 2015 

Apenas llegado a Choluteca, en 1954,  tanto me tocó chapotear en el agua bendita y en los bautismos que me asaltó la extraña  sensación de que alguien me había tirado al mar. Las filas de espera para hacer bautizar a los niños eran interminables.  Esa hambre de bautismos se explicaba por el hecho de que, antes de la llegada de los padres canadienses,  esa  región del sur de Honduras  no veía la cara de ningún sacerdote sino muy de paso y a cada muerte de obispo cuando mucho… Por eso, muchos niños ya grandes estaban sin bautizar y nosotros tuvimos que pasar meses bautizando sin parar.

Casi me ahogaron los sacramentos. No se podía seguir así. Éramos conscientes de que la misión iba al revés. En vez de evangelizar primero y después pasar a los sacramentos, el respeto a la cultura de la gente nos exigía que comenzáramos  por los sacramentos para… terminar con el Evangelio.  Pero, pensándolo bien, ¿por qué no?

El sur de Honduras no atraía a los extranjeros, porque, además de ser una región pobre, era un vivero de  malaria. A Edgar Larochelle, superior general de la SME, le escribí entonces las siguientes letras: “Estamos hundidos en un pozo olvidado de Dios y de los hombres. Trabajamos de sol a sol y aun de noche. El calor nos mata. Los zancudos son insaciables. La malaria y las amibas nos están acechando constantemente. Y, para colmo, a mucha gente no le gustan los curas! ” El Superior me respondió: “Es precisamente por eso que les enviamos allá, porque ése es uno de los lugares  del mundo que más necesita de nuestra ayuda. ¡Ánimo, pues! Les vamos a mandar refuerzos. ” De hecho, las SME envió mucha gente a Honduras. Nunca hemos estado solos. 

Antes de nuestra llegada, era un milagro el que un sacerdote se acercara a aquella zona del país. Esa aventura no era muy agradable.  El sacerdote se trasladaba a todas partes a lomo de mula como un peón de los caciques, haciendo miles de “bautizos”, rezando innumerables misas en latín y millones de “responsos” por los muertos. Ganaba su vida con eso, triste y penosamente.

Solos, sobrecargados de trabajo y a menudo  tratados como mercenarios, los escasos sacerdotes itinerantes quebrantaron uno tras otro, dejando una imagen muy negativa del sacerdote. De modo que cuando la gente  nos vio llegar allí  con nuestras sotanas blancas, muchos nos tomaron por unos nuevos explotadores venidos del extranjero. En las ciudades y pueblos más importantes, se nos miraba con mucha desconfianza, e incluso con desprecio, simplemente porque éramos sacerdotes. Con los campesinos, no obstante, todo fue muy diferente; al poco tiempo nos hicimos amigos de por vida.

Desde ellos sobre todo, y desde los más pobres, los más alejados, los más humildes,  nuestra misión pronto se transformó en un gran movimiento para el renacimiento de todo el pueblo. Mi evangelio post sacramental en esto consistió: “al necesitado dale una mano; al aplastado, ponlo de pie”. Y eso, no sólo a nivel individual, sino también a nivel de toda la sociedad. A partir de allí mi evangelio se fue convirtiendo por sí solo en un compromiso social y en una lucha constante por un desarrollo  humano integral abarcando la salud, la educación, la cultura,  la espiritualidad, la economía, la política, en una palabra: todo lo que hace al ser humano.  

Nos jugamos por ese caminar misional y también no pocas veces fuimos combatidos a causa de ello. Yo mismo, según una fuente episcopal muy segura,  tuve el privilegio de ser “caritativamente”  clasificado como “comunista” en las fichas vaticanas… No cabe duda que mi gran pecado fue el haber dado testimonio de que tanto la Justicia como la Liberación eran Palabra de Dios… ¡Qué alegría! Pues yo no estaba solo en esa lista negra: allí también debía figurar un cierto Jesús de Nazaret y algunos compañeros míos entre los más corajudos que tiraban de la carreta por los mismos senderos que yo.

Esta visión de la misión, en términos de desarrollo humano integral, yo la compartía a ciento por ciento con Marcelo Gerín, nuestro compañero obispo; de allí nuestra amistad indestructible.

Poniendo las cosas en perspectiva y aún mirándolas con ojo crítico, me alegra poder afirmar que, gracias a Dios y a la Virgen, y gracias también a nuestros esfuerzos encarnizados,  a través de nuestras múltiples organizaciones sociales y nuestras numerosas comunidades cristianas,  una gran parte de nuestro pueblo del sur de Honduras logró ponerse de pie.

La obra no está terminada aún, bien lo sé, y tal vez convendría recomenzarla a ciertos niveles, pero siento en mi corazón una profunda satisfacción: creo sinceramente que hemos hecho lo que teníamos que hacer. Sí, yo creo que hemos cumplido cabalmente con  nuestra misión, gracias también y antes que nada  al mismo pueblo querido de Honduras, el que, más allá de sus tribulaciones, sigue  llenándome de mucha esperanza. 

Editado por Eloy Roy,
enero de 2015





martes, 31 de marzo de 2015

DE LA MUERTE A LA VIDA






Se identificó con nosotros
en todo.
En su carne
tomó nuestras redes rotas.
         Por su sangre
nos conectó de nuevo a nosotros mismos.
Por su palabra y aliento
restableció la corriente
entre los humanos,
el cosmos y Dios.
Él nos ha vuelto a entroncar
con el Todo.
                      
                                      La conciencia profunda, y solo ella, 
                                                sabe que esto es cierto.


                   Una Humanidad nueva está en marcha.


                                                  ELOY ROY        





lunes, 23 de marzo de 2015

CONEXIÓN JPG

                 
                    JUAN PABLO GUILLET
                       el hombre de las conexiones



                           

            “Ya que a ti te gusta hacer conexiones”
        le dijo  el superior con una sonrisa medio burlona..

Por ELOY ROY

En aquel tiempo, 60 años atrás, no había computadoras, ni  Internet, ni Facebook, ni Tweeter, ni iPhone, ni teléfonos portables. Los 400 000 habitantes del Sur de Honduras podían contar con apenas el telégrafo y cuatro o cinco teléfonos que chirriaban mucho. Dios vio la cosa y le preocupó. Pensó que un pueblo tan disperso en las montañas y tan poco “conectado” debía llevar una vida triste y le dio lástima. Pero descubrió que allí existía la RADIO. Entonces le vino una idea. 

Fijándose en Juan-Pablo Guillet, su amigo, lo colmó de un montón de talentos. Lo bendijo con el don particular de hacer “conexiones” con cables eléctricos y le regaló además un gusto marcado por el Evangelio de Jesús, por los micrófonos, las cámaras, los audiovisuales, las películas y la música. Luego  envió a su amigo Juan-Pablo a Choluteca con la misión de “conectar” a todo el pueblo de la zona.

Fue así como, en enero de 1959, el  joven Juan-Pablo,  sacerdote de la Sociedad de Misiones-Extranjeras de Quebec, aterrizó en Tegucigalpa, se subió a una “baronesa”  (camión-bus) cargada a topes de pasajeros, de equipajes e incluso de animales, y fue a parar en los vapores de Choluteca, de por sobrenombre “la Sultana del Sur”, después de demorar nueve largas horas para recorrer los 145 km que lo separaban de la Capital.

Montando una pequeña Vespa, manejando su furgoneta Volkswagen, tocando el acordeón o cantando,  este sacerdote desbordante de energía, llamó enseguida la atención del pequeño mundo de Choluteca que no tardó en percibirlo como un hombre de muy buena onda.

En un principio, como todo buen misionero, Juan Pablo bautizó a miles de niños. Surcó las montañas a lomo de mula para acompañar a los enfermos en sus últimos momentos. Conoció las faenas de las fiestas patronales en las capillas de los pueblos remotos de la montaña.

De pronto, junto con Guillermo Aubuchon y Henri Coursol,  y con otros compañeros de la misma hermandad, acometió la tarea de agrupar en torno a dirigentes en cierne, a grandes porciones de ese pueblo desparramado entre centenares de  pequeñas localidades mal comunicadas. 

Sacando provecho de las riquezas inagotables de la religiosidad popular, estos pioneros de la misión implantaron  entonces movimientos tan tradicionales como el Apostolado de la oración, la Legión de María y los Caballeros Católicos. Como si de nada fuera, estas pequeñas organizaciones iban a poner las primeras piedras de una obra mayor que pronto salvaría las paredes de las capillas y transformaría a millares de humildes laicos en  agentes de un profundo cambio de la sociedad.

La gran aventura de la Radio

La misión propiamente dicha de Juan Pablo comenzó el día en que colgó unas bocinas grandes de los campanarios de la venerable iglesia de Choluteca y las hizo hablar.  Fue la  sensación en la pequeña ciudad. A la gente le encantó escuchar su propia música y oír voces conocidas hablar de cosas cercanas a su realidad. Siguieron después las atractivas proyecciones de audiovisuales sobre las paredes de las capillas de los pequeños pueblos del campo. Por todas partes, gente que ayer aún era muda, se sorprendía de repente a decir cosas, a comentar, a participar…  Con esas primeras experiencias  Juan Pablo descubrió una felicidad única que lo confirmó en su deseo de dar voz a los sin voz, “conectándola” con la voz del más famoso hombre del campo en el mundo: Jesús de Nazaret.

Después de cuatro años en Choluteca, Juan Pablo se trasladó a la Capital  para asumir la responsabilidad de la parroquia de La Guadalupe.  No había llegado allí cuando a Evelio Domínguez, el obispo auxiliar de Tegucigalpa, se le ocurrió pedir a la SME que le prestara un sacerdote para dirigir un proyecto de “Escuelas radiofónicas” en la Voz de Suyapa, la radio católica de Honduras. Guillermo, el superior,  le comentó el asunto a Juan Pablo, y con una sonrisita escéptica y medio burlona, le dijo: “Ya que a ti te gusta hacer conexiones, quizás podrías sacarles de apuro.”…  Armado con tan prestigioso diploma y ardoroso respaldo,  Juan Pablo zambulló de cabeza en el proyecto de las Escuelas radiofónicas de Honduras y, de la noche a la mañana, se improvisó arquitecto e ingeniero de lo que, muy probablemente,  llegara a ser con el tiempo la obra clave de la misión de la SME en Honduras.


Ya Juan Pablo, unos años antes, casualmente por radio,  había oído hablar de Escuelas radiofónicas que funcionaban en un lugar de Colombia llamado Sutatenza. El comentario era que esas escuelas hacían maravillas entre los campesinos de la región. Juan Pablo recordaba que al escuchar eso él se había entusiasmado y había dicho para sus adentros: ¡“Algo así haría falta en Honduras! ». Le pareció que por lo pronto su deseo estaba por cumplirse, pero a condición de que él mismo lo armara todo desde cero.  Entonces se pegó un viaje rápido a Sutatenza. Quedó fascinado por lo que vio allí y volvió con la mochila llena de ideas para el proyecto de Honduras.

De regreso a Tegucigalpa, “el hombre de las conexiones”  se rodeó de un equipo de profesionales y un grupo de jóvenes muy motivados. Se creó el Comité de apoyo con el nombre de “Acción Cultural Popular Hondureña”. Pronto se compartieron los sueños, se repartieron las tareas y, al cabo de unos meses de trabajo arduo, las Escuelas radiofónicas entraban en ondas.

Comenzaba entonces una aventura que iba a traer literalmente  al mundo cientos de millares de campesinos, en su mayoría analfabetos, quienes  desde siempre se encontraban privados de medios elementales para crecer simplemente como familias, como productores agrícolas, como artesanos, como ciudadanos y cristianos comprometidos, y como personas conscientes, libres y responsables de su destino.  

Las Escuelas Radiofónicas penetraron en todas partes de este laberinto de montañas que es Honduras, en donde las ondas alcanzaban encontrar paso.  Derramaron por doquier luz y ánimo. Popularizaron medios técnicos, concretos y  prácticos para que la gente valiente del campo pudiera desarrollarse en todos los ámbitos más esenciales de su vida.

¿Cómo funcionaban las Escuelas Radiofónicas? Ver nota más abajo.

Las giras

Para abrir camino a las Escuelas radiofónicas, Juan-Paul saltó en su busito Volkswagen al que tenía repleto de equipamiento y de material de toda clase, y se lanzó en una gira por las principales regiones más importantes de Honduras. Iba, desaparecía, se borraba, volvía de nuevo, estaba por todas partes. A veces se lo entreveía de pasada  por Choluteca, más concretamente por las montañas del  Corpus, adonde iba con frecuencia a comprobar en el terreno cómo todo funcionaba.

Una pequeña “universidad” popular: la Colmena

Una cosa llamando otra, en 1965, Juan-Paul fundó en Choluteca, el Centro La Colmena para perfeccionar la formación de los  pequeños dirigentes surgidos de las múltiples organizaciones populares que crecían por todas partes. Los monitores de las Escuelas radiofónicas, los responsables de pequeñas cooperativas y sindicatos nacientes, los promotores de la salud y, más tarde, los animadores de las Celebraciones de la Palabra encontraron en la Colmena la pequeña “universidad popular” que les hacía falta para crecer más y  desplegar sus alas a un nivel que llegó a ser sorprendente.

El contenido de estos programas elaborado por el mismo Juan Pablo, a veces ayudado por unos colaboradores, reflejaba claramente la realidad y las expectativas de la gente sencilla. La pedagogía empleada rompía con los viejos esquemas: era esencialmente participativa y no directiva, siempre arraigada en lo vivido y orientada hacia una práctica comunitaria muy concreta. Ese método se alineaba en la “pedagogía liberadora” que, en esa época, empezaba a tener repercusión en América latina.  Y también  en una teología del mismo estilo, ya que, en la Colmena, no se abordaba el evangelio de Jesús de Nazaret como una doctrina o una moral, sino como un encuentro real entre el Dios de Jesús Resucitado (que libera de la misma muerte) y su pueblo de Honduras enfrentado con dificultades que le superaban para poder simplemente sobrevivir.

Para Juan Pablo, la experiencia de la Colmena fue como alcanzar la punta del Everest. Le aportó la inmensa alegría de ver a cientos de personas, que se creían nada o muy poca cosa, florecer como esos grandes árboles echando tranquilamente sus magníficas flores un par de semanas antes de que caigan las primeras gotas de lluvia al cabo de seis largos meses de sequía.  La Colmena le causó a Juan Pablo la mayor satisfacción de su vida.

El choque

No todo, sin embargo, fue color de rosa. Desde los doctores de la tradición clerical  de la vieja iglesia, nada se hizo para facilitarle las cosas a Juan Pablo. Y muchísimo menos aún desde los terratenientes. Estos hombres de gatillo fácil,  todos incondicionales de los gobiernos militares, veían en los campesinos nada más que una mano de obra barata. Esa visión, Juan Pablo, la desbarataba sin misericordia desde La Colmena,  pero sin violencia, por supuesto.  Ahora bien, cuando, un día,  los campesinos empezaron por sí solos a manifestar en una forma bastante contundente que ya habían dejado de ser los peones serviles de los terratenientes, éstos pusieron enseguida a precio la cabeza de Juan Pablo. Monto fijado: $250 US… ¡Una ganga! 




Radio Paz

Para conservar su cabeza, Juan Pablo se alejó  tácticamente de la Colmena y mantuvo un perfil bajo esperando días mejores. Entretanto, a pedido de Marcelo Gerín,  primer obispo de Choluteca, el hombre se dedicó a nada menos que la instalación y programación de una emisora de radio diocesana bautizada con el nombre de “Radio Paz”. Y mientras soñaba con proyectos que lo llevarían en espíritu hasta la lejana África,  organizó intercambios de solidaridad entre las diócesis de Choluteca y Gatineau, en Canadá. Y,  como si fuera poco, se hizo camionero…

Efectuó al menos cuatro viajes en camión, desde Montreal, Canadá, hasta Choluteca, y otros tres o cuatro desde San Francisco, California, transportando cada vez cargas de  material de segunda mano para ser utilizado en sus instalaciones de Honduras. Este material, recogido por amigos  de Quebec, (de Radio-Canadá, en particular)  o de California, contribuyó efectivamente al equipamiento y a la instalación de antenas para  emisoras de radio en distintas regiones de Honduras como Olancho, EL Progreso, Santa Bárbara, Santa Rosa de Copán, Comayagua y, por supuesto,  Choluteca. La mayoría de estos viajes a través del Canadá, los Estados Unidos, México y la mitad de Centroamérica, Juan-Paul los hizo casi siempre solo y cada vez con un nuevo camión usado que, por lo visto, funcionaba…

Crisis de Olancho

Los campesinos ya no aguantaban más. Desde hacía  varios años, sus organizaciones habían intentado recuperar por  medios legales a su alcance, aquellas tierras públicas que la mayoría de los terratenientes del país habían usurpado en el transcurso del tiempo. A nivel gubernamental, un Instituto de Reforma agraria tenía el cometido de asegurar que esas recuperaciones de tierras se conformaran a la ley, pero, por razones fáciles de adivinar, el pobre Instituto no hacía milagros… Los campesinos perdieron paciencia y decidieron lanzarse en acciones en gran escala, por cierto, legítimas, pero que resultaron, en algunos casos, menos legales de lo que se suponía. Los terratenientes y ganaderos encontraron allí la  ocasión soñada para asestarles un golpe mortal.

En el Olancho del 1974, zona en la cual la vida no valía nada, un terrateniente y un General de Ejército capturaron  y mataron a diez campesinos y a dos sacerdotes.  Los asesinos echaron los cadáveres a un pozo muy hondo y,  con la esperanza de borrar todo rastro de su crimen, usaron dinamita para tapar el pozo. El obispo del lugar fue amenazado de muerte y expulsado de por vida de su diócesis. En Choluteca, el Gobierno militar cerró Radio Paz. También cerraron Radio Progreso. Los sacerdotes de Choluteca reclamaron una investigación independiente sobre la masacre de Olancho; el Gobierno militar se la otorgó. Con  Enrique Coursol al frente, algunos de ellos desempeñaron un papel clave para descubrir la verdad sobre lo ocurrido. Hecha la luz, los asesinos fueron identificados,  juzgados  y castigados por la justicia.  


Esos acontecimientos ponían de manifiesto que el gran despertar del mundo campesino que la Iglesia había propiciado se estaba  volviendo en contra de ella. En el Sur, varios colaboradores entre los  más cercanos de Juan Pablo habían formado sin ruido un nuevo partido político y habían incentivado a escondidas las invasiones ilegales de tierras. Además, y siempre en forma solapada, merodeaban por el campo para “robarle” a la Iglesia sus mejores dirigentes de comunidad, provocando así mucho descontento. Para  los terratenientes y los militares, había que admitir las cosas como eran: todo aquello era una maniobra de los “curas extranjeros” para trepar en las esferas políticas y asentar mejor su poder.  Había que parar eso de una buena vez y encerrar a la Iglesia de vuelta en sus sacristías. Juan Pablo y la diócesis de Choluteca estaban en aprietos.

Superada por los acontecimientos, la Iglesia del país dio un paso al costado. Cortó los puentes con los amigos que se habían convertido de repente en militantes de un partido  político. Internamente, tiró una línea de separación clara entre los compromisos de un dirigente dentro de la comunidad eclesial y dentro de la política.

Ante esa situación, todos los sacerdotes de Choluteca estuvieron de  acuerdo en que era necesario, en adelante, ser menos ingenuos y, más que nunca, hacer uso de discernimiento.  Pero la mitad del clero insistía para que la pastoral de la diócesis tomara un giro más específicamente religioso, mientras la otra mitad, con el obispo y Juan Pablo al frente,  abogaba, al contrario, por no  aflojar en lo social, menos aún en ese  momento en que el mundo campesino corría un serio  riesgo de volver a caer en lo de antes. No hubo acuerdo posible entre ambos bandos. Desde entonces las aguas de la pastoral de Choluteca quedaron partidas en dos por largo tiempo.

Un mes había pasado desde el cierre de Radio Paz, cuando Juan Pablo, gracias a sus “conexiones”,  la hacía funcionar de nuevo, pero con otro nombre. Ahora  convertida en “Radio Valle”, la radio de la diócesis de Choluteca reanudó con sus emisiones como si de nada. Y las Escuelas radiofónicas volvieron a las ondas para mayor felicidad de los campesinos. Ciertas emisiones como, por ejemplo,  las que se difundieron con motivo de las Semanas santas de esos años,  batieron el récord de audiencias.  

Revolución

De hecho, sin buscarlo directamente, Juan Pablo puso en marcha una revolución, o algo muy parecido.  Por su persona, por sus  talentos y sus “conexiones”, y, prescindiendo del traspié  político mencionado,  gracias también a los valiosos equipos que lo acompañaron, él cambió la vida de mucha gente y dio o devolvió a todo un pueblo: vida, dignidad, conciencia crítica y esperanza. Todo lo que las Escuelas radiofónicas aportaron al país fue simplemente asombroso.

En el Sur, se abrieron caminos en medio de las montañas, se cavaron pozos de agua potable, se construyeron escuelas y centros de salud; técnicas de agricultura y ganadería se pusieron al día, pequeñas cooperativas y sindicatos de campesinos dieron sus primeros pasos,  mujeres-sirvientas se convirtieron en líderes en las comunidades, numerosos grupos de jóvenes se formaron para aportar dinamismo a aquel gran movimiento de vida nueva.   Luego llegó el día en que, por todas partes, se celebró la Palabra de Dios. No esa Palabra de Dios de los calendarios litúrgicos (tan poco conectada con la realidad de los pueblos oprimidos), sino aquella Palabra que no cambia, la que está enfocada en la conciencia de continuar en el presente el gran combate del pueblo de la Biblia para la liberación de toda forma de esclavitud en Cristo Resucitado. Ésa fue la orientación central de las Celebraciones de la Palabra,  por lo menos en los primeros años de su existencia. 


Se fraguó en el pueblo una conciencia de ir constituyéndose en algo como un gran cuerpo capaz de avanzar democráticamente en una misma dirección, de hablar libremente de una sola voz, y de desempeñar históricamente un papel irreemplazable en la vida de la nación. Ya no se esperaba más nada  de los políticos tradicionales, que, para explotar mejor al pueblo sencillo, lo habían dividido y dejado estancándose en el estado lamentable del que se quería liberar de una buena vez.  Cientos de millares de personas “fuera del mapa” encontraron así su lugar bajo el sol y en su propia tierra.

No se usaron machetes, ni kalachnikov, ni bombas, pero revolución hubo. O, al menos, se dio una anticipación de otra revolución, más grande y más profundamente humana que no solo Honduras necesita aún, sino también la propia Iglesia, y todo el planeta.

¿Era evangelización?

La chispa que dio origen a semejante “resurrección”, fue, desde un principio, el simple deseo de  hacer oír la voz de los campesinos  y “de conectarla” con la Palabra de Jesús de Nazaret. Juan Pablo Guillet (junto con sus equipos de trabajo, por cierto) fue sin lugar a dudas el arquitecto e ingeniero  de esa maravilla, pero, en realidad, el gran inspirador y motor de todo fue Jesús. Pues todo cuanto se cumplió allí lo fue a causa de él. De modo que bien se puede afirmar que, en esos años,  en la zona Sur de Honduras, Jesús mismo  escribió  de su puño y letra aquella hermosa página de Evangelio.

Dudas

Un día, en los años 90, mientras que el autor de estas líneas estaba en la China,  una carta le llegó de  Roma. Llevaba la firma de Juan Pablo. En esa carta, Juan Pablo escribía que no estaba muy tranquilo con su trayectoria misionera. Su conciencia le reprochaba a veces el que se hubiera dedicado demasiado  a las “conexiones” y no suficientemente a tareas realmente “sacerdotales”… “Qué va!”, le contesté enseguida. “Mira a Jesús y, con la mano en el corazón, dime a qué tareas sacerdotales él se dedicó en su vida. Tú, yo, nosotros los sacerdotes de la Iglesia, nos olvidamos demasiado fácilmente  que son precisamente los sacerdotes del Templo enteramente dedicados a sus tareas sacerdotales, los que condenaron  Jesús a la cruz.”

Efectivamente, a los funcionarios sacerdotales del Templo de Jerusalén siempre les había caído gordo ese Jesús que no era sacerdote y no se dejaba guiar por los sacerdotes. Era “laico”,  para usar el lenguaje de hoy, y hacía las cosas a su manera. Venía del pueblo y caminaba junto al pueblo al que servía generosamente a partir de los espléndidos talentos que Dios le había regalado. Se dejaba guiar en todo por el Espíritu de Dios al que escuchaba atentamente en sus adentros, para   pensar, hablar, trabajar y orar como Dios quería…

Para Jesús, lo que más le gustaba a Dios no era el culto que los sacerdotes le ofrecían en el templo, sino las acciones realizadas por cualquier persona, religiosa o no,  para acompañar, ayudar, levantar de su postración a los empobrecidos, a los rechazados, a los olvidados. Jamás se trataba de salvar las almas independientemente de los cuerpos. El mismo Jesús se ponía al servicio del ser humano en su totalidad, sin  desgarrarlo entre lo espiritual por un lado,  y lo material, lo físico, lo síquico o lo social por otro lado. No tuvo reparo en tocar a la gente en su carne y con sus manos y, para que se acordaran de ello,  mandó a sus discípulos que se lavaran los pies unos a otros.
La idea de que un buen sacerdote tenga que considerar el culto como primordial  y el compromiso social como secundario, se articula muy mal  con el testimonio de ese Jesús quien, además, no ha ejercido nunca funciones de culto a la manera de los sacerdotes. El culto para Jesús consistía simplemente en dar la propia vida para ayudar al pueblo a salir de la muerte.  Ése fue su sacerdocio.

Aquello está claramente consignado en la genial parábola del Buen Samaritano, en la cual el sacerdote y el levita quedan muy mal parados,  mientras el Samaritano, tan despreciado por ellos, sale “canonizado”.

El Samaritano

No les importaba a los sacerdotes de Jerusalén o a sus allegados tratar a Jesús de comilón, de borracho, de loco, de hereje,  de impuro, incluso de demonio y… ¡de samaritano!  (Mc 3,21-22; Jn 8,48; Mt 11,19. 26,64).  A eso Jesús retruca con la parábola del Buen Samaritano donde queda planteado que no son ellos, tan puros y tan santos, los que tienen el secreto de la vida eterna, sino, precisamente, el impuro, el medio pagano, el samaritano… quien se hace a sí mismo “próximo” del hombre caído, se “conecta” con él y  lo levanta, no solo en su alma, sino en su cuerpo con sus heridas, su historia y todo… Pasar rápido sobre esa parábola,  es como pasar al lado de todo el Evangelio para seguir pretendiendo que lo “sacerdotal”, lo “espiritual” y lo “religioso” es más puro y valioso que cualquier otra tarea a favor del ser humano. (Lucas 10, 25-38).

¿Y quién es ese samaritano sino el mismo Jesús que no asiste mucho al templo y pasa la vida ensuciándose las manos para levantar a los caídos a las orillas de los caminos, a todos aquellos que son ignorados en el mundo, a todos los que se encuentran fuera del mapa y al margen de la sociedad, de la Iglesia y de todo? …  

Todo es sagrado -  Para un culto nuevo un sacerdocio nuevo

Si ha de haber un sacerdocio “cristiano”, la Iglesia debe dejar de imitar a los sacerdotes de Jerusalén y acabar con esa separación artificial, falsa y nefasta entre lo sagrado y lo profano, entre lo puro y lo impuro, entre lo superior y lo inferior, etc. Porque a esta separación tal vez se deba gran parte de  nuestras desigualdades  no solo religiosas, sino también raciales y sociales, así como muchas violencias, guerras, competiciones a muerte, muchas de nuestras luchas fratricidas, de nuestras discriminaciones, de nuestros miedos,  complejos y tal vez de muchos otros sufrimientos.

¡A conectarse, pues!

Pues bien, en contra de todas las voces teológicas de una iglesia desencarnada que se ha empeñado demasiado en considerar como más santo, puro y digno de Dios todo cuanto se aparta de la libertad, del sexo y del mundo ordinario del trabajo, de la ciencia, de la tecnología, de la economía, de la política, de la ecología  y del cosmos, debemos  ponernos firmes y tener muy presente que la salvación del mundo es más un asunto de “conexión” que de  sotanas o de culto y que  no se encuentra allí donde se exacerban las diferencias entre lo celestial y lo humano. Que haya diferencias, nadie lo niega, pero la salvación, según el cristianismo de Jesús de Nazaret, no está en oponer la materia y el espíritu sino en unirlos porque  “Dios se hizo carne” (Juan 1, 14)… y lo que Dios ha unido,  el hombre no lo debe separar nunca (Mateo 19, 6).

De allí se desprende que la única forma de ejercer un sacerdocio realmente “cristiano” - y no a la manera  del Antiguo Testamento- es imitando a un cierto “samaritano” llamado Jesús… “¡Anda, y haz tú lo mismo!” (Lucas 10, 25-38).

Dios es Conexión

Podríamos resumir todo acordándonos de que Jesús no nos dejó una palomita blanca como herencia, ni un libro de moral, ni un compendio de normas eclesiásticas, ni un calendario litúrgico. Lo que él nos entregó es un “espíritu” que no sacraliza castas ni sectas, sino que las rompe, las abre  para congregar, unir, articular todo lo que está  disperso  en un gran cuerpo de variedad infinita y de unidad que  crece como la vida.   Ese Espíritu es  pura “CONEXIÓN”: conexión con uno mismo, conexión con la Realidad, conexión con la humanidad entera, especialmente con los más “desconectados” del mundo,  conexión con el cosmos, conexión con el Reino, conexión del cielo con la tierra,  conexión con EL QUE ES “El MUY CONECTADO”,  ya que es a la vez TRES-y-UNO. El mismo Dios es Conexión.

Despedida

Volvamos a Juan Pablo. En 1982, después de varios años con gobiernos militares, Honduras dio señas de querer volver a la  democracia. Se creó una Asamblea constituyente para redactar una nueva Constitución. Buscando promover la participación ciudadana, Juan Pablo organizó dentro de un período de cuatro años,  dieciséis grandes debates públicos sobre temas quemantes relacionados con ese proyecto de democratización del país. Participaron de estos debates, con visiones distintas y mucha chispa,  estudiantes y gente de toda clase, incluso candidatos a la Presidencia. Esos encuentros, imposibles de imaginar en otra época, eran difundidos en directo por la radio desde la Casa de la Cultura  (otra obra de Juan Pablo); comenzaban a las ocho horas de la noche para terminar a veces a las dos de la mañana. La participación del público fue entusiasta, activa e intensa. Con este broche de oro se cerraron los 24 años de servicio misionero de Juan Pablo Guillet en Honduras.
  

Regreso a Canadá

En ese mismo año, Juan Pablo regresó a Canadá para dedicarse durante cinco años a la promoción de los medios de comunicación social. Trabajó conjuntamente con una red de institutos misioneros  involucrados en proyectos para la “Iglesia en crecimiento”. Apoyado por algunos profesionales de Radio Canadá, alimentó  cuarenta emisiones de televisión comunitaria con una serie de documentales que él mismo realizó sobre las experiencias innovadoras de las Iglesias de ocho países de África, América del Sur y Extremo Oriente. 

Roma

En 1987, Juan Pablo fue llamado a Roma para ocupar el cargo de Director del Servicio Misionero de la Organización Católica del Cine y del Audiovisual, OCIC (el que, en 2001, llegó a ser la Asociación Católica mundial para la Comunicación “SIGNIS”).
Se desenvolvió durante diecisiete años a nivel internacional, contribuyendo, entre mil otras actividades, a la implantación de estaciones radiofónicas y antenas de radio en nada menos que 70 diócesis de unos veinte países de África.

Surf

Sobre esa majestuosa ola producida por el “Espíritu de Conexión” estuvo surfeando durante toda su vida Juan Pablo Guillet, dando siempre prioridad a los “menos “conectados”, es decir a todos los empobrecidos y humildes que por centenares de miles encontró “a la orilla” de su camino misionero. Al verlos, él nunca “tomó el otro lado” del camino, sino que a través de sus múltiples  “conexiones” “se conectó” a ellos y los levantó restaurando su dignidad y “conectándoles” en comunidad.

Los inició en la democracia. Les dio a conocer sus deberes ciudadanos, y por sobre todo sus derechos, simplemente humanos, que por demás eran ignorados y pisoteados. Les comunicó amor a sí mismos y amor a la justicia. Despertó en ellos la consciencia crítica, la cual es el secreto de la libertad y de la grandeza de los hijos de Dios. Les inyectó grandes dosis de alegría de vivir, de esperanza en el futuro y de sabor anticipado de “vida eterna”.

Última palabra

Y Dios miró todas esas hermosas “CONEXIONES” realizadas por su amigo Juan Pablo. Vio cómo  ese pueblo querido del Sur de Honduras, curado en gran parte de su dispersión,  se había puesto de pie y echado a andar. Le encantó y exclamó: “¡Caramba! ¡Esto está SÚPER BUENO, pues!”

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 NOTA

¿Cómo funcionaban las Escuelas Radiofónicas?

Cada pequeña localidad tenía un pequeño radio receptor a disposición de la comunidad. Una persona que sabía leer y escribir, hacía de “monitor”. Su papel consistía en servir de enlace entre los animadores de la emisora central y el pequeño grupo de campesinos reunidos en torno a él.

La estación central transmitía su enseñanza a todos los grupos reunidos alrededor del monitor. Se daban algunas instrucciones precisas al monitor mientras que éste, armado de una tiza, de un cuadro negro y de algunos “cartillas”, transmitía a su vez la teoría y la práctica a su audiencia. Se proporcionaban algunos espacios para que la gente tome el tiempo de resumir la enseñanza y sobre todo para que tengan la oportunidad de obrar recíprocamente.
Eso suponía que antes, ya se había efectuado un trabajo mínimo en todas las regiones del país “para vender” el proyecto a las comunidades y para elegir los monitores. En consecuencia, era necesario acompañar periódicamente estos monitores, profundizar en su formación, garantizar el seguimiento de todo el asunto, y permitir que lo que se hacía a la base o sea devuelta al centro para que los programas evolucionen constantemente en función de las comunidades y que las propias comunidades tengan su parte que hacer en el desarrollo de esta formación a distancia.
Este trabajo básico, esencial va sin decir, se efectuaba por los responsables de las parroquias de las que las comunidades rurales señalaban. En el Sur de Honduras, esta tarea en primer lugar estuvo garantizada en distintos grados por los colegas misioneros, antes de pasar a ser para la mayoría de ellos una parte-principal de su acción misionera.


viernes, 12 de diciembre de 2014

MI PESEBRE




En  mi corazón, tengo un pesebre, y en mi pesebre hay un buey que charla con un burrito.
El buey dice:
- Eres muy bonito, hermano Burro.
El burro responde:
- Gracias, hermano Buey, tienes muy buen corazón.

En mi pesebre, hay también tres gallinas, un gato regordete, una perrita, un chanchito pequeño, un pescado rojo, un ratón de laboratorio y un canario; les puse allí para representar a todos los animales, pequeños y grandes, que, cada día,  alimentan, ayudan, protegen y confortan a un montón de gente, sobre todo a los hermanos y hermanas más pobres, más ignorados y más solos del planeta.

En el centro de mi pesebre, sobre un trono de paja, hay un niño recién nacido. Es Jesús. Es Señor. Sin pronunciar una sola palabra, él me dice a gritos que Dios es uno con nosotros y que se manifiesta allí mismo donde pensamos no valer  nada  y dónde menos lo esperamos.

Están allí también María y José; son jóvenes huyendo Palestina para Egipto. Sin estos jóvenes refugiados, Jesús no hubiera existido… El futuro del mundo está más en las angustias y audacias de las generaciones que vienen que en la paz y las certidumbres de las que se van.  Y también en las reservas inagotables de los millones de  hombres y mujeres humildes que golpean  desesperadamente a muchas puertas cerradas de nuestros países considerados “abiertos”…

Además, en mi pesebre, hay Reyes Magos - estos infatigables investigadores de la ciencia y de la belleza -  y sus camellos - estas naves “espaciales” de los lejanos desiertos - y esta magnífica estrella que luce encima de las cabezas: ha venido  de las extremidades del universo a mostrar el camino a todos los que andamos perdidos por los laberintos de la vida.

En mi pesebre, se encuentra también un pequeño Papa Francisco, porque este hombre está haciendo lo de Hércules  para sacar del ADN de la vieja Iglesia Católica las águilas de los Césares y meter en su lugar el espíritu de humanidad del humilde profeta de Galilea.

Hay también en mi pesebre regalos de oro, aromas y bálsamos preciosos además de legiones de ángeles que bailan y de ovejas que sonríen meditando. Porque no hay solo codicia y crueldad en este mundo, o solo hipocresía e integrismo en la Iglesia,  hay también pedazos de cielo de  gran belleza; hay santidad y lucidez, coraje, bondad, y sobre todo mucha buena voluntad.

En mi pesebre, no pueden faltar pastores y pastoras; representan a los hombres y a las mujeres que toman a pecho la causa de los nadies  de la Tierra. Por centenares de millones se arrastran para recoger las migas que caen de la mesa de los “salvadores” de este mundo; éstos son los rateros más afinados de la Historia; se han adueñado del patrimonio vital  de la humanidad transformándolo en dólares y  amontonándolo como combustible de infierno en “paraísos” donde no se pagan impuestos…

En mi pesebre, está el Agua; es nuestra Madre, fuente de toda vida.

Y está también la Tierra toda. Ella sufre de tos aguda y de asma crónico por obra y gracia del gran Herodes que maneja al mundo a golpes de petróleo y de aviones no tripulados. Y gracias también a otros miles de millones de mini Herodes que parasitan las  almas de la humanidad  anegándolas con un amor frenético por los oleoductos y otras millones de maravillas que envenenan la vida.

Por último, estamos también todos nosotros en mi pesebre,  mujeres y hombres con piel de todos los colores, con  centenares de  lenguas y millones de atavíos: los  desnudos, los barbudos, los echados para atrás, los encorvados, los con y sin velos, los creyentes, los ateos, los guapos, los feos, los buenos y los malos, los amigos y hasta los mismos enemigos. A pesar de nuestros odios, de nuestras cobardías y nuestros miedos, de nuestras flechas y bombas y no obstante todo lo que nos divide, todo lo que nos vuelve locos y nos mata, todas y todos somos hermanas y hermanos; ¿increíble, no?

Que lo creamos o no, mi pesebre asegura que el pleno éxito de la gran aventura humana echa sus raíces en el corazón de este niño nacido en medio de los pobres: él en nosotros y nosotros en él, junto con el Universo, todos reunidos en el resplandor de Dios.

Que caigan piedras y rayos, huracanes y avalanchas de hielo,  la Buena Noticia de Jesús naciendo en un establo es un sol; irradia calor y luz aún a través de las nubes más gruesas. Es la respiración del mundo.  
                                                           Eloy Roy

Navidad, 2014

miércoles, 28 de mayo de 2014

PARA UN MUNDO SIN POBREZA (hacer clic sobre la foto)

A los que creen en los pobres,  y también a los que dudan, les recomiendo encarecidamente que visionen este emocionante e inspirante video:

Muhammad Yunus sobre un Mundo Sin Pobreza

(Para conseguir los subtítulos en español, seleccionar "Spanish" en la lista de las traducciones disponibles en 75 idiomas). 


                                                      
La siguiente presentación de este video ha sido sacada de:

Muhammad Yunus, conocido como el “banquero de los pobres”, innovador, visionario de las finanzas, fundador y gerente del Banco de Grameen y de su grupo en crecimiento de empresas sociales, fue honrado con el Premio Nobel de la Paz en el año 2006. Escribe:

“El capitalismo tradicional no puede resolver los problemas como la desigualdad y la pobreza, porque el límite de enfoque de los seres humanos hace que nos veamos como seres unidimensionales sólo preocupados con los beneficios.
Pero los seres humanos no son unidimensionales. De hecho, los seres humanos tienen otros impulsos y pasiones, incluidos los espirituales, los sociales, y los altruistas.
“Es por esto que creo rotundamente en el potencial de las empresas sociales, donde la visión del empresario se aplica a los problemas más graves de hoy: alimentar a los pobres, albergar a los que no tienen techo, curar a los enfermos y proteger el planeta”.

Muhammad Yunus encabeza un movimiento que ha levantado a millones de la pobreza.
~¿Cómo llegó hasta aquí?
~¿Cuáles han sido las experiencias más importantes en este camino?
~¿Cuáles son las medidas principales para superar un paradigma irracionalmente resistente al cambio sano?

En esta entrevista por vídeo nos explica cómo fue que creó la microfinanza – ahorros y préstamos sin necesidad de garantía– y otros servicios comerciales para los ciudadanos más pobres, especialmente para las mujeres. Yunus nos explica la manera de que realizó esta visión extraordinaria y exitosa: desde su juventud como hijo de un joyero en Pakistán del Este, hasta llegar a liderar el Banco de Grameen y manejar los cambios sociales en sus años posteriores.

El vídeo está disponible en la página de internet:  

Tiene duración de 47:26 minutos

El audio está en inglés.

Para conseguir los subtítulos en español, seleccionar "Spanish" en la lista de las traducciones disponibles en 75 idiomas.
¡No te lo pierdas! Es un vídeo ideal para temas globales, las innovaciones y la reducción de la pobreza. Se puede observar el carácter extraordinario de un hombre que ha buscado modestamente la manera de dar poder al pueblo sin presumir ni pretender llamar la atención.









DIOS NO ES PROPIEDAD PRIVADA DE UNA CULTURA, DE UNA TRIBU O DE UNA NACIÓN. ES MÁS, NO ES PROPIEDAD DE NINGUNA RELIGIÓN, DE NINGUNA IGLESIA Y DE NINGUNA SECTA. SI DIOS NO ES EL DIOS DE TODOS Y DE TODAS, NO ES DIOS. NADIE TIENE DERECHOS RESERVADOS SOBRE DIOS. Eloy Roy