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miércoles, 31 de agosto de 2016

MI DRAGÓN




                                            Dedico estas líneas a mis chicos 

Dragoncito mío, eres el más macanudo de todos los dragones del  mundo. Tu mamá era una princesa salchicha, muy fina, que tuvo un affaire sulfuroso con un perro policía. De esa fusión atómica, querido Dragón, naciste como síntesis de la tesis y de la antítesis. Con vos se acabó la lucha de los contrarios y el choque perpetuo entre la inteligencia y el palo.

Treinta y cinco años atrás, cuando entraste en mi vida, en Tilcara, eras un cachorrito que un niño amoroso del pueblo había regalado a Edu, mi hijo. Él y yo te recibimos como una estrella caída del cielo. 

Tu niñez fue pura alegría y picardía… Creciste en sabiduría y, con el tiempo, llegaste a ser mi secretario y confidente. Después de cenar,  planchado como una carpeta sobre el piso, me escuchabas con infinita paciencia, aguantando mis monólogos de eterno soñador, en español y en francés. No me mirabas siempre con ojo aburrido, y tampoco rezongabas, pero cada tanto opinabas moviendo la cola.

Fuiste parte de la familia. Nuestras alegrías y penas las compartiste todas. Cuando Miriam, la mamá, estaba embarazada, no la dejabas a sol ni a sombra.  Por todas partes la acompañabas, cuidándola como la niña de tus ojos. Dejabas acercarse a ella solamente a los más íntimos. Para los demás más convenía que guardaran las distancias, si no te ponías malísimo, gruñendo y sacando los colmillos, dispuesto a defender hasta la muerte a la futura mamá y al tesoro que llevaba en su vientre.   

Cuando te hacías presente en el santuario de la iglesia, siempre te sacudías las pulgas y te rascabas ahí donde más pica, luego te acurrucabas sobre la alfombrita roja que te esperaba entre las dos patas de cardón de la mesa del altar. De ese lugar privilegiado escuchabas estoicamente mis interminables sermones,  a veces aprobándome de las orejas, otras veces   bostezando.

Eras sensual. Como a tu mamá, te encantaban todas las cosas dulces de la vida,  los almohadones, los sofás, el sillón dorado forrado de terciopelo episcopal… Pero eras también peleador, vago, callejero y sinvergüenza como tu papá. Podías ser elegante como un  príncipe pero muy a menudo, eras un desastre. 

Gran seductor, dejaste por un tiempo que te secuestrara una doctora que te bañaba, te perfumaba, te vestía de tul y te dejaba dormir en su cama entre sábanas de seda. Fuiste también por unos meses el consuelo de una maestra a la que cada día acompañabas caballerosamente sobre el senderito largo, empinado y sufrido que separa el pueblo de Tilcara de la escuelita de Alfarcito. La maestra, por cierto, te consentía todos los caprichos; de allí tu primorosa galantería con ella. Yo sospechaba que podías aprovecharte demasiado de esa gente buena que te malcriaba con tanto cariño. Lo sabías. Por eso, cuando de pura casualidad yo te pillaba en casa  de alguna persona generosa como Elisa, por ejemplo, volvías la cabeza a un lado fingiendo no haberme visto nunca. 

No hubo en toda Tilcara muchas familias que te hayan mirado como un extraño, ni mucha soledad que no hayas compartido. Y si los bombos, los sikus o la campana cascada de la iglesia no hubieran sido una tortura para tus oídos, con toda seguridad te hubieras destacado como uno de los bailarines más febriles de carnaval y un gran devoto de nuestras procesiones. Tampoco te hubieras perdido ninguna de esas manifestaciones pacíficamente bulliciosas en las que unos grupos lúcidos solían clamar en miles de tonos que a este mundo había que rehacerlo de pies a cabeza.

De hecho, creo que, más allá de tu amor a la buena vida, tenías en tu ADN una cierta debilidad por los pobres y la justicia, por la causa de los desaparecidos de la Dictadura, por los derechos de la persona, por la liberación de la mujer y de la Madre Tierra, por la libertad y la democracia, por la afirmación de la identidad indígena, y por una Iglesia que no se encamara con la oligarquía y los milicos… Paro acá, si no, algunos van a pensar que estoy haciendo proyección...  En todo caso, creo que, al final,  llegaste a comprender mejor que yo que esas luchas entre buenos y malos son a la larga bastante autodestructivas, y que el camino para un futuro decente consiste antes que nada  en ser gauchos.

Pasabas noches enardecidas con la Primera Perra del pueblo en el techo de la casa del Intendente. Pero, a la salida del sol, rápido saltabas a la casa vecina de las Hermanas; te colabas a hurtadillas en la capillita de ellas y te sumabas a su oración de la mañana. Siempre te acurrucabas pegado a Luisa, la muy guapa y más anciana hermana de la comunidad. Era tu preferida. Como buena hija de san Francisco ella te mimaba como a un hijo. Sobre tu vida privada hacía la vista gorda y, entre dos salmos, te hacía cariños. Cada tarde, la Hermana Luisa salía al pueblo para ayudar al prójimo. Esto te venía de perillas. Te aprovechabas ese tiempo sagrado para pegarte una siesta monumental sobre la cama inmaculada de tu amiga. Así recargabas las baterías para tus próximas actividades nocturnas.

Te peleaste con los dogos más grandotes y malcriados de Tilcara, los que te tajaron la cara con sus colmillos y dejaron tu cuerpo cosido de cicatrices gloriosas. Conquistaste las perras más pitucas de la Villa veraniega y llenaste la comarca con un sinnúmero de retoños tuyos que hasta hoy continúan tu obra civilizadora.

Al cabo de la guerra de los misiles en la parroquia, no te rendiste al triste cura teutón que se había apoderado del templo y se aprestaba a lavar los cerebros del pueblo con su teología milica. No te dejaste amedrentar por él un solo instante, sino que, al oír en la iglesia el primer chirrido de su voz de lata,  te incorporaste de golpe de debajo del altar, tiraste una solemne meada a la pata de cardón, alzaste la frente, erguiste la cola y bajaste la nave central del templo con la dignidad recuperada de un Viltipoco vuelto a la vida. Nunca más volviste a pisar esa iglesia que amabas. Nunca más.

Dios había observado esa escena desde una ventana del cielo, y hasta hoy se acuerda del deleite que le habían causado tus agallas y la justeza de tu criterio.

Años más tarde, mientras yo disfrutaba de la hospitalidad legendaria de  los chinos del Imperio rojo, recibí de Tilcara una carta que me relataba con todo detalle cómo te habías despedido de esta Tierra. Un día, cargando a lomo tus dieciséis años de vida de perro, trepaste, una por una,  la mitad de las gradas de la empinada Escalinata para llegar casi moribundo a casa de Norma Maine y de sus dos hijos. Porque ése fue el santuario que habías elegido para cerrar los ojos.

Norma e hijos te acogieron con infinito cariño y te rodearon de ternura hasta tu último suspiro. Pero cuando la vieja de la guadaña estaba ya rondando, se te cayó de repente como una helada por todo el cuerpo y te pusiste a temblar sin parar, tiritando y castañeando los dientes…. Curiosamente, al viejo rey David (otro pícaro amado de Dios) se le dio un ataque similar unos días antes de liar el petate. Sólo poniéndole en la cama una linda chica llamada Abishag, fue como el viejo rey logró entrar un poco en calor y morir en paz. Norma e hijos no conocían esa bella historia, sin embargo te  hicieron un favor igual, Dragón querido, al pegar junto a tus huesos temblorosos el cuerpito calentito de una perrita amorosa prestada del vecino. Estaba escrito en el cielo que ibas a salir de este mundo con los mismos consuelos que el rey David, gran coleccionista de mujeres,  el mismísimo que, siendo chico y nada más que un pastorcito de ovejas, había derribado con su honda al terrorífico gigante Goliat.

Cuando empezaste a dar señas de que ya había llegado tu hora, Norma y los hijos se largaron a llorar a lágrima viva. La mujer suplicó a Dios de rodillas que le inspirara una acción tipo milagro que te ayudara a morir  sin sufrir. Al mismo instante cayó en la cuenta de que ya llevaba en la mano un jarro de agua y, sin más, ¡te bautizó!

Así que moriste católico, mi Dragón… No católico, por cierto,  de la Iglesia imperial de los cucuruchos dorados y de los jubilados de la Wehrmacht, sino de esa Iglesia “muy católica”, tierna y corajuda,  que es totalmente anónima y sin murallas; esa misma que está integrada por el pueblo sencillo, pecador, pícaro y bueno. Esa Iglesia a menudo hace cosas que no están autorizadas por los libros, pero siempre tiene buen corazón y  nunca se encuentra muy lejos de los pesebres y de los calvarios del mundo.

Tus tres ángeles de la Escalinata llevaron tu cuerpo a las faldas del Cerro Negro. Lo enterraron en secreto, a unos 300 metros más arriba de la cruz, mirando hacia el punto de donde cada mañana sale Tata Inti.  De allí tu almita de Dragón siguió viaje por el caminito en zigzag y casi ya borrado “que junta el valle con las estrellas”… Volviste a la misma estrella de la que habías venido.




                                                                     Eloy

miércoles, 8 de junio de 2016

JULIÁN, EL AUTOR DE LA BIBLIA

            


Para nuestra sensibilidad moderna, Julián Vézina*, gran misionero ante el Señor, no es un modelo para imitar. En todo caso, es inimitable.

En las montañas del sur de Honduras cuyo clima es muy caliente y la vida muy sacrificada, Julián es el hombre más libre del mundo.  Se olvida de comer, casi no duerme, no para. Tiene  la pasión de andar con los humildes, de agradarles y servirles.  Juega al gato y al ratón con los niños, saca los dientes a cuantos lo necesitan, y,  si no hay partera para atender a una parturienta, él hace de partero. Desempleo, no sabe lo que es.

Cuando uno es Julián Vézina, aún los niñitos de pecho integran la Cruzada Eucarística y reciben la santa comunión junto con los  adultos, sin confesión, vale decir… Para dirigir las bandas de música en las fiestas patrias, no hay quien compita con él. No hay tampoco un instrumento roto que no sepa arreglar ni uno que no sepa tocar. Escribe a máquina a velocidad de relámpago. A los campesinos desesperados que no tienen papelitos para comprobar que han nacido, Julián  les crea  sin pestañear documentos de identidad. Eso sucede allí donde los registros civiles han sido robados y los de la parroquia, quemados. ¿No tienes  partida de bautizo? Julián te soluciona esto en un santiamén. Él recoge los datos que la misma gente tiene en memoria. Si ésta vacila, la imaginación del padrecito suple. Así Julián va fabricando alegremente miles de documentos con sello, firma y todo. Al entregar el papel precioso a cada nuevo ciudadano, o ciudadana, dice nomás: ¡“Siguiente!”. Por cierto, no cobra nada. Frente a la casa parroquial, cada día las colas se hacen más largas….

Su catequesis utiliza una tecnología de última generación.  Bajo las estrellas de la noche, las paredes encaladas de las capillas sirven de pantallas a la proyección de las películas fabricadas por Julián. No las hay parecidas en el mundo. El material es transportado a través de las montañas por una caravana de siete u ocho mulas, de las que se destaca Anselma,  su mula preferida. Él mismo Julián realiza el montaje de sus películas con secuencias “prestadas” (para usar un eufemismo) de  otras películas de su colección privada. Las empalma  unas con otras siguiendo una trama surrealista cuyo secreto solo él conoce.  Escenas de animación sobre Jesús y María se entremezclan con aventuras de Mickey Mouse y de Tom and Jerry, seguidas por otros temas tan cruciales para la salvación como los goles más espectaculares del CH de Montreal en la serie final de la Copa Stanley, o el santo rosario en familia con el Cardenal Léger, sin olvidar a Cantinflas, ni a  los hermanos Max y tampoco las apariciones de Fátima…  

La fuerza física de Julián es herculina.  Un día, estando en Cuba -  antes de su desembarco en Honduras fue misionero en Filipinas y en Cuba - Julián sale a la calle vestido de  sotana blanca. De camino se topa con dos pesos pesados malcriados que lo tratan de maricón por salir así vestido de mujer. Sin decir ni mu, Julián los agarra a ambos por el pescuezo y, alzándoles al aire, los golpea cara contra cara como en los éxitos más geniales de los Tres chiflados.

La fuerza de nuestro Tarzán impone respeto. Los militares más pitbulls  y los presos más canallas lo saludan con prudencia. Cuando habla, no se escucha volar ni una mosca, y por muy increíbles que sean las  historias que él cuenta, todos lo creen.  Por ejemplo, para exhortar a los padres a criar a sus hijos como corresponde, les recuerda que, cuando estaba él en Cuba, Fidel Castro era chico; era incluso su monaguillo. Les dice: “Cuántas veces tuve que machacarle a la mamá que tenía que  mandar a su Fidelito al catecismo, pero esa mujer jamás me hizo caso. ¿Qué pasó? ¡El Fidelito se convirtió en ese tirano  barbudo que está asustando a medio mundo!”

Julián no impresiona sólo por sus músculos y sus historias, sino también por su candor y su ternura. Bajo su caparazón de boxeador, tiene un corazón de niño. Su arma preferida para abrir los corazones son los caramelos. Siempre tiene al alcance de la mano una bolsa llena de esas armas de conversión masiva para distribuirlas a los que el destino pone en su camino: a los chicos que lo toman por su papá, a las abuelitas que lo admiran como si fuera Diosito, a los policías armados hasta los dientes y que se creen dueños del mundo, y a los criminales más duros que odian a muerte al mundo entero. Con caramelos se hace amigo de  toda esa gente linda. Jesús dijo: “Felices los mansos, porque recibirán la tierra en herencia”, pues bien, nuestro buen Julián cumple con esa bienaventuranza sembrando caramelos.

Sesenta años atrás, los sacerdotes tienen estrictamente prohibido  celebrar más de una misa por día, pero a  veces Julián celebra hasta cinco misas en un solo día.  A él lo que le importa no es la ley sino la gente. En su inmensa parroquia la gente vive dispersa en distintas aldeas, de las cuales muchas se encuentran muy lejos de la iglesia principal. Para Julián esto no es un problema: si la  gente no puede ir a la iglesia, la iglesia va a la gente.  En su primera misa de la mañana él consagra previamente las hostias y el vino que va a utilizar en sus “misas”  no autorizadas. El ritual de éstas se desarrolla siempre en forma  impecable  y  con piedad perfecta. Como todo se hace en latín y a voz baja, Julián no pronuncia las  palabras de la consagración y nadie se da cuenta…Ni dios se da cuenta de la trampita…  Desde la señal de la cruz del principio de la celebración hasta la bendición final, la misa dura apenas diez minutos, cantos y homilía incluidos. Nadie se queja.   

Si vives bajo el mismo techo que Julián, no te sorprenderás que  de tus sábanas, toallas, calzoncillos, camisas,  pantalones, calcetines, manteles de altar, sotanas y roquetes  cosas vayan desapareciendo como por encanto. Es la “mano invisible” de Julián la que ha pasado por allí. Ella te va desnudando sin violencia de tus prendas superfluas y con éstas viste a los desnudos.

Ese inefable camarada que saca a los que tienen para dar a los que no tienen, usa métodos más eficientes que el agua bendita para abrir los caminos de salvación. Con el Evangelio en una mano y  palos de dinamita en la otra, Julián hace volar todo lo que en la geografía atormentada del país bloquea el paso de la santa jeep del misionero.
Es así como la Buena Nueva termina llegando hasta los más lejanos.

Dice Jesús que Dios habla por la boca de los humildes, pues bien, por  boca de una abuelita campesina y su nietita muy avispada me vengo a enterar que solo los ignorantes pretenden que es el santo Papa quien  escribió la Biblia: “No es el Papa, pué, ¡es el Padre Julián!”…. ¡Qué se den por enterados los sabidos!

En la cárcel de Choluteca, el Padre Julián es capellán. Él es la alegría y el consuelo de los presos. Sucede que, en estos días, la cárcel prepara con febrilidad la visita oficial de la Primera Dama del país. Esperando que se muestre generosa para con  esta institución que se hunde en la miseria, Julián se encarga de organizar la recepción. Entre mil cosas enseña cuidadosamente a sus amigos presos – muchos de ellos  asesinos notorios - cómo deben aclamar a la augusta visitadora. Cuando llega por fin el gran día y que todo está listo, la Primera Dama, Doña Alejandrina Bermúdez de Villeda Morales se persona en la cárcel. Mientras una banda desafinada toca una música de fiesta, la Señora aparece al brazo del Padre Julián. Al instante un clamor sube al cielo. Pero lo que se oye no es: “¡Qué viva la Primera Dama!”, sino: “¡Qué viva el Padre Julián!” El pobre Julián está que se lo traga la tierra.  Gracias a Dios, Doña Alejandrina, que es muy católica y  misericordiosa, toma la cosa de buena cara y se ríe de corazón. Más adelante la Dirección de la prisión recibe de ella una generosa subvención. Sólo Dios sabe adónde habrá ido esa plata … Que si hubiera caído en manos de nuestro buen Robin Hood de Julián, los presos ya tendrían más cigarrillos para fumar, más tortillas para comer, acaso un pizarrón nuevo para estudiar y más de una visita al año de parte del médico.

Finalmente, después de años, ya envejecido y enfermo, el buen Padre Julián vuelve a su tierra natal de Québec en Canadá. Se instala en  San Cuthbert. Junto con su hermana, por lo menos un par de veces a la semana carga su auto viejo con mercaderías y ropa usada y sale a distribuirlas a los pobres. Hasta sus últimos días así sera la vida de él. 

Por cierto, Julián no fue ni un cura de Ars, ni un nuevo Moisés, ni un Che Guevara, ni una Madre Teresa, ni mucho menos un misionero reciclado modelo año 2000 y pico… Fue el “Padre Julián” nomás. Lo que es bastante.

Pese a que  él y yo fuéramos tan parecidos como el día y la noche,  a Julián siempre le tuve mucho cariño. Su partida me conmovió. Ese hombre había sido de verdad una maravilla de Dios.

Su cuerpo fue confiado a la Madre Tierra en el pequeño cementerio de las Misiones Extranjeras de la Isla Jesús, en la línea que separa el Valle del San Lorenzo de aquel territorio desconocido que los antepasados llamaban “las Indias Occidentales”. 

Allí se encuentra la tumba de Julián, al que unos pobres de este mundo estimaban ser “el autor de la Biblia”…  
                                                                  
                                                                   Eloy Roy



JULIEN VÉZINA, p.m.é.                                                                       
1913-1983
Misionero
En Filipinas : 1941-1945   
En Cuba : 1945-1956.         

En Honduras : 1956-1965

Falleció en LavaL, Québec, Canada, el 14 de febrero del 1983
            
          
                   


lunes, 9 de mayo de 2016

VOTAR POR LOS PERDEDORES


       
Si fuera yanqui yo votaría por Bernie Sanders. Porque es el más libre, el más humano, el más justo y el más auténtico de los candidatos para la Presidencia de los Estados Unidos.
Pero Bernie va a perder.
Para la mayoría de los norteamericanos - y de algunos que otros terráqueos,  la prioridad no es: más libertad, más humanidad, más justicia o más autenticidad - ¡qué va! -  sino más dinero, aún sucio y chorreando sangre…  
La verdad es que, fuera de la guita, poco le importa a la mayoría de la gente. “La mayoría”, digo, y no todo el mundo, porque una minoría con todo va a votar por Bernie.
2000 años atrás, yo hubiera votado por Jesús, ¿vio?
¿Por qué pues votar por los perdedores?...
Los jóvenes lo saben. Ellos se identifican con Bernie. Por instinto saben que las ideas de Bernie son de importancia mayor  para la democracia, la justicia social y la paz en el mundo. Saben  que si la humanidad ha de tener algún futuro, por allí anda la cosa. Los jóvenes  advierten eso, los jóvenes saben eso, los jóvenes votan Bernie. A través de los jóvenes s el futuro el que habla.
Jesús perdió. Su derrota fue aplastante. Fue enterrado. Pero no se enterraron ni su testimonio ni su palabra.

Pasa lo mismo con todos aquellos que se las juegan por la justicia y la fraternidad: en realidad, no pierden nunca. Está escrito en el cielo que ellos son y serán siempre los únicos ganadores de la Historia.

De momento Bernie va a perder. Pero, por las olas que él está levantando, Hillary no tiene más remedio que reorientar su  barco. De hecho, ella ya se está pegando menos a Wall Street y a las camarillas de Washington y se acerca cada vez más al pueblo ordinario. Ese es un paso adelante formidable. Si ella mantiene ese rumbo y gana la elección presidencial, será su victoria no cabe dudas, pero, de alguna forma Bernie no habrá perdido del todo. Digo yo.                                                       
                                                            Eloy Roy




martes, 26 de abril de 2016

LA BARCA GRANDE HECHA PEDAZOS

                                                                                                                                 Green Yatra

La Barca Grande es la Tierra. Es el Bien Común. Son los bienes materiales  y culturales básicos para que los hombres y las mujeres de todas partes tengan las mismas oportunidades. Estos bienes son: la Tierra, el aire, el agua, la dignidad, el respeto, la justicia, la libertad, la educación, la salud, el alojamiento, el trabajo, la seguridad, la paz y la belleza.

Pero la Barca Grande se está haciendo pedazos. ¿Quiénes la maltratan así? Aquellos que tienen hachas, sierras, martillos, clavos. Los conocemos bien. Están en los Gobiernos y en todos los sectores de la sociedad.  Quizá soy uno de ellos. Con las tablas que le sacamos a la Barca Grande nos fabricamos   yates o lanchitas. Y nos mandamos a mudar.

¿Pecado?... Cosa trasnochada por cierto. Pero fijémonos bien en el dibujo de arriba. Si aquella cosa trasnochada existe, ha de tener una cara como ésa.
                                                                                 
                                                                                                      Eloy


jueves, 7 de abril de 2016

José

JOSÉ


                                                                                                                   Foto: Genée Jerome

Viendo más allá de las apariencias

Martillo en mano, José hace descubrir a Jesús las maravillas que se esconden dentro de cada árbol. Le enseña a ver, más allá de las apariencias,  aquí, unas vigas para armar una casa, allí, una mesa, una puerta, un banco, un telar, una cuna o un cajón. Acá unos utensilios de cocina, una escudilla, un cubo para el pozo, unas herramientas para el cultivo de la tierra, allá, unas muletas para el tullido, unos zuecos para el pobre, un tonel para el vino…
A través de José, Jesús descubre que el árbol tan lleno de riquezas será sacrificado, pero que él no sufre por ello. Con solo saber que unos humanos, gracias a ese sacrificio, tendrán una vida menos sufrida, le trae mucha alegría al árbol.
Jesús descubre asimismo que el árbol, lejos de sentir vergüenza por las muchas cruces que van a salir de su cuerpo, se enorgullece. Porque el árbol sabe que de los hombres y mujeres que suelen ser clavados en esas cruces, muchos son los que, rebelándose contra los tiranos, tienen la última grandeza de dar la vida por un mundo más justo y más humano.
José enseña a Jesús a cortar el árbol con respeto y agradecimiento, como cosechando una fruta madura y muy rica… Le enseña a tallarlo con amor para que el mismo árbol, bajo otras formas,  viva más allá de sí mismo en el servicio de los humanos  hechos de tierra y sol como él.
De José Jesús recibe la columna vertebral que hace de él un hombre hecho y derecho. De José él hereda también esa capacidad de ver más allá de las  cortezas. Por eso, bajo cualquier facha de debilidad, de miseria y aún de fealdad, Jesús verá una obra maestra de la Creación, un ser de luz, un hijo o una hija de Dios. Vislumbrará en todo ser humano, incluso en la muerte, los esplendores de la Resurrección y del  Reino de Dios.  
María ve cómo,  a través de su oficio de carpintero, José es  un maestro cabal.  El material de base que Jesús utilizará para su Buena noticia destinada a toda la Creación, es José quien se lo pone en las manos. María lo ve, se maravilla y canta su Magníficat. 

                                                                                 Eloy Roy
                           

                                                            

jueves, 24 de marzo de 2016

CRUCIFICADO-RESUCITADO


Foto Internet

Yo, la humanidad, el mundo entero, estamos heridos, rotos, corroídos por la implacable muerte. Y asimismo vamos creciendo en un proceso continuo  hacia algo muy grande.

El Crucificado es el espejo de nuestra realidad de violencia, de pecado y de vuelta hacia el no-ser.  Imagen oscura que no alcanza sin embargo apagar el fuego tenaz que arde debajo de nuestras ruinas.

¡El Crucificado ha resucitado! Él me dice la larga marcha de la nada hacia el ser, me habla del largo camino de la noche hacia la luz. Del largo tránsito de la muerte hacia la vida, de lo absurdo hacia el sentido de todo. Me muestra la etapa poco gloriosa que estamos alcanzando, pero también me deja vislumbrar ya la meta hacia la cual nos vamos dirigiendo. Me dice con fuerza que todo este caos va a desembocar en la Belleza.

Para mí éste es el final de la Historia. Esto me atrae, atrae todas las cosas, atrae el universo. Tengo un sentir profundo de que todo aquello ya está grabado en el ADN del mundo.

El Crucificado-Resucitado me muestra el gran parto del Universo. Sobre todo me dice que a la raíz de esta aventura gigante, late la luz de un Corazón muy grande.
                                                          
                                                                                 Eloy Roy


sábado, 19 de diciembre de 2015

EN PEQUEÑO







Nada hay sino una noche absoluta hasta que un relámpago la desgarre para poner en marcha la Creación.

Por una noche impenetrable los esclavos rompen sus cadenas; una  columna de luz les abre paso en el mar y los arroja a las playas de la libertad.  

Muy negra aquella noche que al mediodía cae sobre el monte Calvario  pero al tercer día irrumpe un Sol que la hiere de muerte.

La noche se retuerce, pero más oscura se vuelve. La Tierra se desangra… Sumidas en el horror,  incontables muchedumbres de desterrados  yerran por los mares y desiertos mendigando un mendrugo de pan, de libertad y de paz.  

En la  cueva de Belén, este año, la noche sigue muy negra; pero en ella tiembla la pequeña luz de siempre.

En pequeño nomás habrá que seguir caminando… Tal vez sea la única forma de comenzarlo todo de nuevo.  

UNA NUEVA CREACIÓN ESTÁ EN MARCHA

                                                                           Eloy Roy




DIOS NO ES PROPIEDAD PRIVADA DE UNA CULTURA, DE UNA TRIBU O DE UNA NACIÓN. ES MÁS, NO ES PROPIEDAD DE NINGUNA RELIGIÓN, DE NINGUNA IGLESIA Y DE NINGUNA SECTA. SI DIOS NO ES EL DIOS DE TODOS Y DE TODAS, NO ES DIOS. NADIE TIENE DERECHOS RESERVADOS SOBRE DIOS. Eloy Roy